Toda mi vida he creído que mi felicidad dependía de la de otros. Pensaba que si hacía feliz a los demás yo también lo sería y que si mis seres cercanos no lo eran yo sería incapaz de llegar a esa felicidad. ¿Cómo voy a ser feliz viendo que el de mi lado es desgraciado?
Soy demasiado empática con el mundo, por lo que me siento mal cuando veo a alguien que sufre. Tanto que llegué a dejar atrás mi felicidad a cambio de que los demás no estuvieran tristes o no sufrieran por según que situaciones.
Me parecía tan egoísta por mi parte...
Toda la vida hice las cosas por los demás, por no querer defraudar a nadie, seguir adelante aunque fuera desgraciada por no hacer daño a nadie, pero yo creía ser feliz porque ellos lo eran. Lo daba todo, hasta el silencio para que su mundo fuera perfecto. Creía poder lograrlo, pero en realidad, como en otras muchas cosas, estaba completamente equivocada. Es como a un niño que no se le enseña a comprender el "no", al final lo quiere todo y se vuelve egoísta. Hace girar el mundo alrededor de él y todo lo que se sale de su órbita no le parece interesante.
Hay gente que me decía que lo importante eran ellos mismos antes que nada y que les daba igual lo que los demás pensaran o necesitaran que sólo estaban ellos y el resto era subordinado. Nunca entendí a este tipo de personas. Me parecían tan radicales...
Ahora comprendo que ninguna de las dos actitudes son sanas, que ambos son extremos a los que no hay que llegar y que como en todo existe un punto intermedio ideal en el que todo se equilibra.
Cuando actúas como aquellos a los que no entiendo te vuelves demasiado frío. Si vives tu vida sólo pensando en los demás acabas dejando de vivir. Hay que encontrar un término medio y es fácil si te das cuenta de que tu felicidad no depende de los demás y de que tampoco debes de sacrificarla por los demás.
He llegado a un punto de mi vida en el que quiero ser feliz, por mí misma, para mí misma. Y al final he comprendido que lo que no puedo hacer es sacrificar mi felicidad por la postura o la moral de otros ante la vida, por defender valores hasta el extremo sacándome a mí misma del bienestar divino. He decidido que voy a ser feliz aunque me tenga que enfrentar a lo más sagrado, porque creo que si lo sagrado me desea el bien como yo lo deseo al mundo, dejará que fluya mi vida sin estigmatizarme y bajo el respeto y la tolerancia seguiré siendo yo misma, seguiré procurando la felicidad de los demás, pero sin hacer de menos a la mía.
Me encuentro en ese momento en el que comienza la paz, llega el sosiego, puedo pensar y analizar lo que quiero, y cuando llega la calma se ve todo desde otro punto de vista, me siento libre y quiero esa libertad de sentir, de pensar y de decidir. Y es ahora cuando no admito juicios o mejor dicho me dan igual los juicios, porque por fin entiendo que mi vida es mía y a nadie le corresponde más que a mí misma.
Namasté.
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