miércoles, 12 de noviembre de 2014

Siempre es de agradecer una buena intención.

    Hace unos meses me pidieron un favor, ¿puedes hacernos unas fotos para un calendario solidario?

    ¿Cómo iba a decir que no?

    Como en muchos lugares, en mi pueblo se recogen tapones de plástico para aquellos que lo solicitan porque es una oportunidad de conseguir dinero para niños que necesitan de unas operaciones por las que sus padres no pueden pagar. Nos cuesta a todos poco, y en muchos locales, incluso el colegio, se ofrecen a ello.

   De repente, se empezaron a acumular, porque una de las personas que los solicitó, ya no se preocupaba de venir a recogerlos, y hubo personas que los guardaron, por si acaso. Y ese por si acaso, llegó. Ya que de repente, apareció otro niño que los necesitaba. Hubo dos personas que  no perdieron el tiempo, y en cuanto se enteraron ayudaron a que se llevaran todos los que se habían acumulado.

    Todos agradecidos y contentos, ¡cómo no!

    Tanto se suponía que estaban agradecidos que pidieron a esas dos personas que colaboraran en un calendario solidario para recoger fondos para el niño, y ¿cómo? les pidieron que posaran para ese calendario. Que se hicieran unas fotos y que las mandaran para aparecer en el calendario. Claro que debían de ser ellos quienes se tenían que buscar el fotógrafo y editar las fotos, para que quedaran bonitas, pues querían que fuera bien elegante.

    Dos chicos jóvenes sin recursos para ello, pero con muchas ganas de poner manos a la obra en cualquier cosa que sea ayudar, buscaron la manera de no defraudar. Por eso llegaron a mi, una persona que no sabe de fotografía, pero que estaban seguros de que no les iba a decir que no, y menos en un proyecto así.

    Así que buscamos ideas, vestuario, un escenario apropiado (ese día llovía a mares, no sé cómo conseguimos hacer nada), y a mi pequeña fotógrafa, junto a las ganas de todos de que nos saliera bien todo para poder ayudar a ese niño.

   Disfrutamos mucho realizando eltrabajo, y no supimos qué fotos elegir, así que mandamos todas. Después de meses, aún estamos esperando respuesta, no sólo de qué foto eligieron, si no también de si se va a realizar o no el susodicho calendario. No sabemos nada.

    Como no me parece justo después de la ilusión que pusieron los dos colaboradores, no sólo en las fotos, si no en que el pueblo reuniera de nuevo tapones, y no hayan tenido ya noticias de nada, creo que por lo menos se merecen que esas fotos se vean, y disfruten de un momentito de agradecimiento por su ánimo en ayudar en todo momento.

   Muchas gracias Anais Belío Monguilán y Fran Zarraluqui Echenique, ya la pequeña fotógrafa Celia Monguilán Castañeira.

   Aquí tenéis parte de vuestro esfuerzo:


















































¡Besicos!

domingo, 9 de noviembre de 2014

Me gusta conocer a mi gente.

    Conocer a las personas es conocer su historia.

    Soy de las personas que les gusta hablar, pero más escuchar. Escuchar cuando verdaderamente es importante. Y ¿cuándo lo es? Pues para mí cuando alguien quiere desahogarse y contarte la versión de su vida.

    Entonces pregunto mil cosas, puede parecer alcahuetería o interés por algún motivo, pero nada más lejos de mi intención.  Sólo que me gusta saber... Me gusta saber lo que sientes, lo que piensas, por lo que has pasado, tu punto de vista, todo... me gusta conocer de verdad a la gente con la que hablo.

    También doy opiniones, si me las piden, que no quiere decir que sean las correctas, para nada... Sólo son mi punto de vista que te puede parecer bien o mal, tenerlo en cuenta o no, ahí estás tú para decidir lo que debes o quieres hacer.

    Otra cosa que tengo clara es no juzgar a nadie, aunque critique positiva o negativamente lo que me cuentas, jamás juzgaré, nadie tiene ese derecho. Por mucho que lleve tu mismo número de zapatos y haya caminado con ellos, no a todos nos resultan igual de cómodos y las rozaduras pueden ser diferentes.

    Y sobretodo... nunca digo lo que me cuentan en una de estas conversaciones. Ni siquiera que he hablado con alguien, y menos si expresamente me lo piden.

    Así que si otra persona te dice, te habla de lo que yo supuestamente sé, ten por seguro que no es cierto. Si algo se cuenta en la intimidad de la alcoba (por decirlo de alguna manera) en la alcoba se queda.

    Quien no me conoce podrá dudar de ello, quien me conozca mínimamente un poquito, no tendrá la menor duda.

    Pero como para todo somos libres, también para opinar sobre mí, por supuesto.

    ¡Besicos!