sábado, 2 de septiembre de 2017

Por algo llevan su nombre...

    
    Me encanta la gastronomía, me apasiona ver cómo hay gente que hace maravillas para nuestro paladar y si además tiene un puntito de creatividad ya me vuelve loca. Ver la facilidad que tienen para crear algo que hace deleitarnos con cada bocado. Doy gracias a todos estos profesionales que cada día nos ofrecen un nuevo placer, pero...

    Aquí viene el pero...

    Y esto va para los que dicen ser profesionales y no lo son... 

    ¿Qué narices hacen con lo tradicional? Me gustan las recetas tradicionales, las de toda la vida, las originales, las de las abuelas... Y me gusta encontrarlas, cosa difícil ahora por todos los cambios que a la gente les da por hacer y encima siempre diciendo que es lo auténtico.

    No puedes llamar a una cosa lo que no es... En cada lugar las cosas se hacen de una manera, pero si tienen un nombre concreto creo yo que se deben de ceñir a lo original, y si no... añadir una coletilla que lo explique. Porque si yo pido un pulpo a feira, un cocido madrileño o un tocino de cielo, espero que me den eso y no otra cosa.

    Y todo esto viene a una tontería que llevamos tiempo comentando.

    ¿Dónde hay ahora un bar en el que ofrezcan patatas bravas y sean patatas bravas?

    Todos las dan con mahonesa, alioli, ketchut con tabasco... ¿Y la salsa brava? La original... la que hace que unas bravas sean precisamente eso? El corte y la cocción de la patata no lo es todo, aunque también sea importante, por supuesto, pero si en su carta pone bravas... que sean bravas!!!

    Pues ahí queda... no me ofrezcan lo que no dan, porque si en alguna ocasión pido algo y no se corresponde con lo que he pedido, lo echaré, con todo mi derecho, para atrás. Porque imagino que si ustedes van a comprar un coche no se conforman con que les den un carromato.