¡Buenos días mi gente! ¡A poner todo de nuestra parte para ser felices! Porque nosotros somos el motor principal de nuestra felicidad. Busca en tu interior, analiza lo que realmente quieres, marcate unos objetivos y comienza a caminar hacia ellos y si tropiezas levántate las veces que haga falta y si te equivocas en el sendero que has elegido ve hacia otro y otro, y otro... hasta que encuentres lo que deseas y disfruta, sobretodo disfruta, de tus aciertos y también de tus errores, porque gracias a todos ellos estarás donde quieras estar, porque habrás aprendido, serás más fuerte y acabarás llegando a tu destino, ese que varía según le da la gana, ese que no está predeterminado y que elegimos nosotros porque tenemos libre albedrío, ese que nos corresponde conforme lo vamos labrando.
Disfrutad de la vida, de cada instante y de este finde...
Ala... A pasarlo bien!
¡¡¡Besos!!!
domingo, 29 de mayo de 2016
jueves, 26 de mayo de 2016
Disfruta de las pequeñas cosas.
¡Buenos días mi gente! Lo bonito que es desde el momento en que te levantas comenzar a disfrutar de cada instante... si ves la luz, el sol entre nubes o incluso la lluvia; el café o las tostadas con mermelada, el ratito de relax al desayunar, el viento sobre tu cara al salir a la calle, incluso cruzarte con esos vecinos malhumorados que todos tenemos cerca (regalémosles una sonrisa, seguro que les hace falta)... No es lo mismo pasar la vida que sentirla, cuando la sientes haces que se erice todo tu cuerpo, que toda tu sangre bombee y que te suban los niveles de felicidad.
Sí, son momentos. pero esas pequeñas cosas son las que nos hacen avanzar y coger fuerzas para todo. Es importante no olvidarnos de disfrutar de las pequeñas cosas que nos da la vida.
Pasad un estupendo viernes.
Besos.
Sí, son momentos. pero esas pequeñas cosas son las que nos hacen avanzar y coger fuerzas para todo. Es importante no olvidarnos de disfrutar de las pequeñas cosas que nos da la vida.
Pasad un estupendo viernes.
Besos.
viernes, 6 de mayo de 2016
Receta para ser feliz
¡Buenos días mi gente! Por aquí estoy de nuevo para no variar... Encontré una receta estupenda para compartir, porque creo que es básica y sencilla y que a todos nos puede ir bien. Se trata de respetarnos a nosotros mismos y al prójimo, y a partir de ahí empezar a ser felices. No es que vayamos a echar cohetes y que la felicidad nos vaya a desbordar por los cuatro costados, pero alegrarnos por cosas sencillas hace que nos dé pequeños atisbos de felicidad y sumando unos y otros va generando una rueda que si la continuamos nos va a regalar un bienestar constante.
Probad con cosas sencillas y alegrándoos por cualquier cosa básica. Dad las gracias por todo lo bueno que se os cruce en vuestro camino y comprobaréis que tenemos más cosas que nos motivan que las que nos machacan y agarraros a ellas con fuerza serán la motivación que os saque adelante. Y haced que los demás sientan como vosotros, veréis como todo va mucho mejor.
¡Feliz sábado!
martes, 3 de mayo de 2016
¿Qué implica ser feliz?
Toda mi vida he creído que mi felicidad dependía de la de otros. Pensaba que si hacía feliz a los demás yo también lo sería y que si mis seres cercanos no lo eran yo sería incapaz de llegar a esa felicidad. ¿Cómo voy a ser feliz viendo que el de mi lado es desgraciado?
Soy demasiado empática con el mundo, por lo que me siento mal cuando veo a alguien que sufre. Tanto que llegué a dejar atrás mi felicidad a cambio de que los demás no estuvieran tristes o no sufrieran por según que situaciones.
Me parecía tan egoísta por mi parte...
Toda la vida hice las cosas por los demás, por no querer defraudar a nadie, seguir adelante aunque fuera desgraciada por no hacer daño a nadie, pero yo creía ser feliz porque ellos lo eran. Lo daba todo, hasta el silencio para que su mundo fuera perfecto. Creía poder lograrlo, pero en realidad, como en otras muchas cosas, estaba completamente equivocada. Es como a un niño que no se le enseña a comprender el "no", al final lo quiere todo y se vuelve egoísta. Hace girar el mundo alrededor de él y todo lo que se sale de su órbita no le parece interesante.
Hay gente que me decía que lo importante eran ellos mismos antes que nada y que les daba igual lo que los demás pensaran o necesitaran que sólo estaban ellos y el resto era subordinado. Nunca entendí a este tipo de personas. Me parecían tan radicales...
Ahora comprendo que ninguna de las dos actitudes son sanas, que ambos son extremos a los que no hay que llegar y que como en todo existe un punto intermedio ideal en el que todo se equilibra.
Cuando actúas como aquellos a los que no entiendo te vuelves demasiado frío. Si vives tu vida sólo pensando en los demás acabas dejando de vivir. Hay que encontrar un término medio y es fácil si te das cuenta de que tu felicidad no depende de los demás y de que tampoco debes de sacrificarla por los demás.
He llegado a un punto de mi vida en el que quiero ser feliz, por mí misma, para mí misma. Y al final he comprendido que lo que no puedo hacer es sacrificar mi felicidad por la postura o la moral de otros ante la vida, por defender valores hasta el extremo sacándome a mí misma del bienestar divino. He decidido que voy a ser feliz aunque me tenga que enfrentar a lo más sagrado, porque creo que si lo sagrado me desea el bien como yo lo deseo al mundo, dejará que fluya mi vida sin estigmatizarme y bajo el respeto y la tolerancia seguiré siendo yo misma, seguiré procurando la felicidad de los demás, pero sin hacer de menos a la mía.
Me encuentro en ese momento en el que comienza la paz, llega el sosiego, puedo pensar y analizar lo que quiero, y cuando llega la calma se ve todo desde otro punto de vista, me siento libre y quiero esa libertad de sentir, de pensar y de decidir. Y es ahora cuando no admito juicios o mejor dicho me dan igual los juicios, porque por fin entiendo que mi vida es mía y a nadie le corresponde más que a mí misma.
Namasté.
Soy demasiado empática con el mundo, por lo que me siento mal cuando veo a alguien que sufre. Tanto que llegué a dejar atrás mi felicidad a cambio de que los demás no estuvieran tristes o no sufrieran por según que situaciones.
Me parecía tan egoísta por mi parte...
Toda la vida hice las cosas por los demás, por no querer defraudar a nadie, seguir adelante aunque fuera desgraciada por no hacer daño a nadie, pero yo creía ser feliz porque ellos lo eran. Lo daba todo, hasta el silencio para que su mundo fuera perfecto. Creía poder lograrlo, pero en realidad, como en otras muchas cosas, estaba completamente equivocada. Es como a un niño que no se le enseña a comprender el "no", al final lo quiere todo y se vuelve egoísta. Hace girar el mundo alrededor de él y todo lo que se sale de su órbita no le parece interesante.
Hay gente que me decía que lo importante eran ellos mismos antes que nada y que les daba igual lo que los demás pensaran o necesitaran que sólo estaban ellos y el resto era subordinado. Nunca entendí a este tipo de personas. Me parecían tan radicales...
Ahora comprendo que ninguna de las dos actitudes son sanas, que ambos son extremos a los que no hay que llegar y que como en todo existe un punto intermedio ideal en el que todo se equilibra.
Cuando actúas como aquellos a los que no entiendo te vuelves demasiado frío. Si vives tu vida sólo pensando en los demás acabas dejando de vivir. Hay que encontrar un término medio y es fácil si te das cuenta de que tu felicidad no depende de los demás y de que tampoco debes de sacrificarla por los demás.
He llegado a un punto de mi vida en el que quiero ser feliz, por mí misma, para mí misma. Y al final he comprendido que lo que no puedo hacer es sacrificar mi felicidad por la postura o la moral de otros ante la vida, por defender valores hasta el extremo sacándome a mí misma del bienestar divino. He decidido que voy a ser feliz aunque me tenga que enfrentar a lo más sagrado, porque creo que si lo sagrado me desea el bien como yo lo deseo al mundo, dejará que fluya mi vida sin estigmatizarme y bajo el respeto y la tolerancia seguiré siendo yo misma, seguiré procurando la felicidad de los demás, pero sin hacer de menos a la mía.
Me encuentro en ese momento en el que comienza la paz, llega el sosiego, puedo pensar y analizar lo que quiero, y cuando llega la calma se ve todo desde otro punto de vista, me siento libre y quiero esa libertad de sentir, de pensar y de decidir. Y es ahora cuando no admito juicios o mejor dicho me dan igual los juicios, porque por fin entiendo que mi vida es mía y a nadie le corresponde más que a mí misma.
Namasté.
lunes, 2 de mayo de 2016
Escribir ¿para qué?
Escribir... ¿por qué ponerse a escribir? Pues porque es una forma de sacar lo que uno lleva dentro, bien por imaginación bien por sentimientos. Es una manera de expresarse, de contar no sólo al mundo lo que pensamos, lo que conocemos, lo que está sucediendo o lo que nuestra imaginación crea... es un sistema que nos permite que todo lo que nuestro cerebro nos muestra lo saquemos a la luz.
Este proceder es lo que permite que otros disfruten de un arte que nos transporta a otros mundos o a la realidad, a una época histórica o a unas emociones que parecen imposibles de describir con palabras, pero que quien tiene este don nos hace trasladarnos a todos estos lugares y a empatizar con todo lo que uno puede llegar a sentir.
Lo que queda escrito, escrito queda, por eso sea lo que sea me gusta plasmarlo, porque nada tergiversa lo que pienso, aunque esté equivocada y el tiempo haga que varíe en mis pensamientos, pero así siempre quedará la constancia de mi verdad en el preciso momento en el que mis ideas son así. Después el paso de los días y de las situaciones hará que vea si continúo con el mismo proceder de mis valores o he cambiado y así puedo analizarme a mí misma.
Hay escritos que comparto y otros que quedan en mi reserva, escritos que guardo y otros que quemo para que queden en el olvido, escritos que me hacen que me emocione al recordar y otros que al leer me gustaría no haber vivido nunca, pero cada uno de de ellos al final son una parte de mí, una sección que de algún modo necesito que salga del interior de mi mente, y sobretodo una ayuda que hace que me desfogue y que no olvide mientras los conserve.
Pero no escribo para no olvidar, escribo para que mi mente no grite en silencio, para que las ideas no se pierdan entre palabras y se deformen en humo, escribo simplemente porque lo necesito. ¿Tan difícil es de entender? Yo lo asemejo a quien hace fluir la música, de repente danza, forja un paisaje con pinceladas o dibuja con un cincel sobre el mármol, por poner unos ejemplos... algo que no se puede evitar que pase porque nos hace libres. Aunque lo que yo hago nada tiene que ver con lo que yo considero verdaderos artistas, sí con la sensación que da dejarse llevar y dejar que todo surja.
Por eso y para eso escribo.
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