sábado, 17 de enero de 2015

Todo ladrón piensa que el resto del mundo es de su condición.

    Un poquito harta de que la gente piense por mí, o mejor dicho que crean que saben cómo lo hago y que encima, con su visión equivocada de mis acciones, vayan provocando a mi familia de si mi modo de vivir es o no el correcto... manda narices...
 
Soy tranquila, amable y accesible a la gente, pero que no me toquen lo que no me tienen que tocar, porque entonces como leona de mi camada me como al que sea... vamos que tengo mi genio y mi mala leche como todo hijo de vecino.

   Y ¿cuál es el motivo de mi cabreo y de que de repente mis palabras dulces se hayan vuelto agresivas e hirientes?

  Vivo en un pueblo y en los pueblos ya se sabe... tópico típico de estas localidades, pero no, es en el pueblo y en todos los lugares, y mis palabras van dirigidas tanto a la gente de mi municipio como al resto del mundo en el que habito.

  Quien me conoce a través de la red social de Facebook o Twitter, puede ver cómo trato a mi gente, pero sobretodo a mis amigos. Que yo lance piropos a diestro y siniestro o que me los devuelvan con creces, no quiere decir que tenga nada más que una bonita amistad. ¡¡¡NO VA MÁS ALLÁ DE ESO!!! No busco nada que lo que vuestras mentes calenturientas dicen por ahí que hago o dejo de hacer (llamando a mi familia por privado o soltando las risitas malintencionadas en el bar de turno porque no se os ocurre otra cosa más inteligente de la que hablar. Y si vuestra imaginación vuela más allá de lo que realmente ocurre en mi vida, y repito... ¡¡¡MI VIDA!!!, me da pie a pensar lo triste y aburrida que es la vuestra que os dedicáis a malinterpretar e inventar lo que os apetece, por lo que me lleva a pensar una de mis frases favoritas que es con la que he titulado este post, y es que al final es cierto, todos creemos que los demás son y actúan como nosotros lo haríamos y ahí está el error de muchas personas al valorar a otras. Somos independientes y diferentes y cada cual tenemos unos valores y unas creencias a las que nos agarrarnos, y en las mismas situaciones no respondemos del mismo modo.

    Por lo que no me cabe duda que quien así piensa que yo hago o dejo de hacer por ser amable, me da pie a creer que lo que ell@s pretenden cuando acarician al caballo es sólo montarlo, pero hay personas que solamente aman al animal, más allá de montarlo o no, y no lo desechan cuando está viejo y cansado.

  Así que no me queda otra que seguir pensando cuán triste es vuestra vida, os compadezco por el hecho de que hayáis caído en la envidia, el desidio y  las ganas de confabular a ver qué daño podéis hacer. Pero ¿sabéis qué? que aunque he llegado a una época de mi vida en la que las personas que no merecen la pena me importan un carajo, no puedo desearos nada malo si no al revés. Mi deseo es que seáis felices, que disfrutéis de la vida y sobretodo que aprendáis que para eso no hace falta herir a nadie, ni con acciones ni con palabras, ni con risitas ni con miradas.

  Y habiendo dicho esto, no me queda otra que agradecer a toda mi gente, a todos mis amigos, a todos mis amores, que sigan ahí, y que compartan mi vida a mi lado o en la distancia, pero sobretodo que sean auténticos. Gracias mil a la buena gente que todavía la hay.
¡Besicos!