Para poder ayudar a alguien, el primer paso es que esa persona quiera que se le ayude. Si no se pide ayuda, si no se cuenta el problema, no se puede hacer nada. Es el principio de todo.
Hay personas que se guardan todo, por diferentes motivos. Yo soy una de ellas, procuro no contar mis problemas, aún por mucha confianza que tengas con alguien o por muy cercanos que sean a mí, ¿para qué preocupar a los que quiero? Con uno que sufra ya es bastante. Todo me lo guardo, todo me lo callo.
Muchos somos así, creo que hasta cierto modo es normal. Pero en ocasiones tenemos problemas graves, problemas en los que debemos de pedir a gritos esa mano amiga que nos haga salir del pozo.
Digamos que tengo una empatía fuera de lo normal, que muchas veces siento más allá de lo que me gustaría sentir, y me doy cuenta de muchas cosas que para otros son imperceptibles, o simplemente sea porque soy demasiado sensible y me preocupa que los demás estén bien (no sé si es bueno o malo). De ahí a que muchas veces pregunte e intente que me cuenten qué es de su vida gente que apenas conozco, porque sé que muchas personas se sienten mejor contando sus cosas a otras que no conocen. Es bueno desahogarse, pero peligroso a la vez, según a quien se lo descubres se convierte en un arma de doble filo. Por eso entiendo que ante problemas graves sea más complicado.
Cuando de verdad tienes a alguien que te quiere, a alguien que se preocupa de corazón por ti, es la hora de pedir ayuda. No sólo te dará su sincera opinión y consejo, si no que intentará acompañarte en todo momento en tu lucha. Y siempre hay alguien... buscarlo, porque siempre, siempre hay alguien dispuesto. Además hay muchas ocasiones en que si no aprovecháis esa oportunidad, lo que conseguiréis será perder a esa persona que está deseando entenderos. y caminar junto a vosotros.
Hay problemas que son más complicados y lo primero que hace falta es tener consciencia de ello y aceptarlo como tal, pero en cuanto sabes que está ahí, el siguiente paso es el que os he dicho, querer ser ayudados y pedir ayuda. A partir de ahí, todo será más fácil y llevadero.
Pensad y actuar en consecuencia, para no seguir haciendo daño a nadie, ni siquiera a vosotros mismos. Y si alguien os brinda su mano, agarrarla con fuerza, y si por el contrario os la piden, si la ofrecéis que sea con el alma.
¡Besicos!
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