domingo, 9 de noviembre de 2014

Me gusta conocer a mi gente.

    Conocer a las personas es conocer su historia.

    Soy de las personas que les gusta hablar, pero más escuchar. Escuchar cuando verdaderamente es importante. Y ¿cuándo lo es? Pues para mí cuando alguien quiere desahogarse y contarte la versión de su vida.

    Entonces pregunto mil cosas, puede parecer alcahuetería o interés por algún motivo, pero nada más lejos de mi intención.  Sólo que me gusta saber... Me gusta saber lo que sientes, lo que piensas, por lo que has pasado, tu punto de vista, todo... me gusta conocer de verdad a la gente con la que hablo.

    También doy opiniones, si me las piden, que no quiere decir que sean las correctas, para nada... Sólo son mi punto de vista que te puede parecer bien o mal, tenerlo en cuenta o no, ahí estás tú para decidir lo que debes o quieres hacer.

    Otra cosa que tengo clara es no juzgar a nadie, aunque critique positiva o negativamente lo que me cuentas, jamás juzgaré, nadie tiene ese derecho. Por mucho que lleve tu mismo número de zapatos y haya caminado con ellos, no a todos nos resultan igual de cómodos y las rozaduras pueden ser diferentes.

    Y sobretodo... nunca digo lo que me cuentan en una de estas conversaciones. Ni siquiera que he hablado con alguien, y menos si expresamente me lo piden.

    Así que si otra persona te dice, te habla de lo que yo supuestamente sé, ten por seguro que no es cierto. Si algo se cuenta en la intimidad de la alcoba (por decirlo de alguna manera) en la alcoba se queda.

    Quien no me conoce podrá dudar de ello, quien me conozca mínimamente un poquito, no tendrá la menor duda.

    Pero como para todo somos libres, también para opinar sobre mí, por supuesto.

    ¡Besicos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario